martes, 20 de abril de 2010

Regreso a Clases

Mis hermanas me levantaron muy temprano, porque era el cumpleaños de mi mama. Le habíamos pedido a escondidas, que le traigan un desayuno. Siempre le gusto que se lo lleven a la cama. Pero eso era casi imposible. Si no se levantaba ella primero, y nos despertaba a nosotras, nunca nos levantaríamos. Esta vez Florencia había puesto el despertador, – nunca nos levantábamos, siempre lo ponía innecesariamente, ni ella se levantaba cada vez que sonaba – y encima fue la anteúltima en levantarse. Porque la última había sido yo.
Nos pusimos todos frente a la habitación de mi mama. Le tocamos la puerta, y nos quedamos callados.
– ¿Qué pasa?
Nadie contesto a su pregunta. Teníamos que esperar a que ella abra la puerta, gritarle un muy feliz cumpleaños, cantárselo, y luego le daríamos el desayuno.
Volvimos a tocar la puerta. Y nos quedamos callados de vuelta. Oímos como alguien se levantaba de la cama y se ponía algo.
Apenas abrió la puerta que todos tomamos aire al mismo tiempo.
– ¡¡Feliz cumple!! – le gritamos todos juntos
Al oír nuestras palabras, se puso a llorar. También esa era una de las características. Lloraba por todo.
Nos abrazo a todos juntos y la llevamos de la mano hasta la cocina, donde estaba el desayuno.
Habíamos agrandado la mesa, y habíamos puesto ocho platos de té, cada uno con sus respectivas tazas.
– Gracias – nos dijo y nos abrazo de vuelta.
Fue a levantar a papá, para que desayunáramos todos juntos. Tardo casi media hora, mientras lo esperábamos todos sentados en la cocina.
Con mi papa habíamos juntado plata para regalarle una camarita digital, porque la cámara antigua y profesional al mismo tiempo que teníamos, se nos había derretido en el auto cuando este se prendió fuego en el momento que nos íbamos de viaje a Las Grutas. Fue horrible ese viaje. No llegamos nunca. El auto se prendió a cien metros de Bahía Blanca.
Después de todo ese embrollo del cumpleaños, el día fue lo más normal. Tuve que ir a la pizzería y encima no paso nada. Solo se trabajaron diez pedidos.
Apenas llegue a mi casa, que me fui directo a la cama y me dormí. Mañana tenía el cumpleaños de Gloria y me tenía que levantar temprano. Solo éramos cuatro las que íbamos. Taty, Anto, Belu y yo.

Sentí como alguien me sacudía. Debían de ser las once de la mañana. Abrí los ojos muy suavemente y vi como el sol iluminaba la mayoría de la habitación. Odiaba tanto la luz, que volví a cerrar los ojos
– Lucía levántate – me grito mi mama desde la cocina.
Me levante y me fui directo al baño.
– Ma ¿me puedo ir a bañar? – le pregunte casi gritando.
– Sí, anda el agua esta caliente.
El baño fue placentero, pero no mucho. Hoy tenia que ir al cumple de Loli, y después a la pizzería de vuelta. ¿Es qué esta rutina no se iba a acabar nunca? La respuesta era muy obvia. No se iba a acabar jamás, tendría que ir todos los días de las vacaciones y cuando comiencen las clases solo los fines de semana tendrían que ir. Para no ir tenía que pedir permiso y si me lo concedían era un milagro, porque la mayoría de las veces que quería salir eran los fines de semana.
¿Quién en vacaciones tiene que trabajar todos los días? ¿Quién llega todos los santos días de las vacaciones a su casa a la una de la madrugada?
Salí de la ducha y el viento que entraba por la ventana me hizo tiritar de frío. Hacia calor, pero soy todo a la inversa, cuando hace frío tengo un poco de calor y cuando hace calor tengo a veces un poco de frío.
Me dirigí a mi habitación y me puse un short violeta y una remera amarilla. Tome el bolso que había preparado anoche y fui directo a la cocina, donde estaba Claudio y mi mamá tomando mate como desayuno.
– Hola mamá, hola papá –les dije dirigiéndome hacia la silla.
Me senté en mi lugar y me puse a tomar jugo de manzana, no tenia gana de desayunar yogurt con cereales. Ahora ya estaba lista para ir al cumpleaños, pero tenia un pequeño problema. Recién iba salir de la casa cuando a mi papá se le ocurriera cambiarse y después llevarme entes de ir a algún otro lado.
Por suerte pasaron cinco minutos –desde que llegue a la cocina –y se decidió cambiar.
Mi papá cada vez que alguno de sus hijos tenia que salir, siempre ponía una excusa, nunca decía “salimos así llegas temprano”. La excusa de hoy era que le tenía que enseñar a Ezequiel a conducir por la ruta. La mayoría de las excusas eran verdaderas, pero si no llegaba a haber ninguna, salíamos de la casa con la hora justa –significa cinco minutos antes –eso me ponía furiosa, porque cada vez que él tenia que salir, mas o menos una hora antes partíamos y encima después llegaba tarde al lugar que tenia que ir.
Cuando estábamos solos mi papá y yo en el auto, no me sentía muy bien. No hablábamos mucho, mi papá andaba en su mundo y yo en el mío. Había muchas diferencias entre mi papá y yo, algunas eran las comunes –le de un adolescente –, un ejemplo era que él escuchaba la radio AM y yo la FM, pero algo que si se podía notar y que no es muy común que mi papá es muy orgulloso y vanidoso, él jamás va a aceptar que se equivoco siempre va a culpar a los demás.
Cuando mi papá hablaba por teléfono, varias veces le tenias que recordar las cosas y en este día ocurrió. Le tuve que avisar que se había pasado de la casa de Loli. Así que dio media vuelta y volvió por el camino que ya había pasado.
Al llegar a la casa de Loli, vi que las chicas me esperaban afuera. Apenas puse un pie en el pasto que me pare en seco, me estaba olvidando de algo. Di media vuelta y le di un beso en la mejilla a mi papá. No me gustaba hacerlo, pero si no lo hubiera hecho se habría enfadado y me prohibiría las salidas.
Nos fuimos con las chicas para adentro de la casa y ahí empecé a saludar a la mamá y a la abuela de Loli.
Estuvimos jugando al volleyball y después estuvimos un buen rato en la pileta haciendo nada. Hablamos de lo que hicimos durante el tiempo que no nos vimos. Así me di cuenta que la mayoría de los cumpleaños a los que había ido realmente no estaban invitadas. Después hablamos de las fiestas de quinces que íbamos a tener este año y como se preparaban.
Tati estaba nerviosa faltaban solo seis meses para su fiesta, Anto no tanto, ella estaba mucho más suelta.
Como a las siete de la tarde mi mama me vino a buscar y me tuve que ir para la pizzería. Como no me había secado por completo y me había puesto la ropa encima de la malla, que cuando llegue a la pizzería tenia tenía el pantalón mojado en la parte trasera.
Ni bien llegue, baje del auto, deje mis cosas dentro de la pizzería y luego me fui directo al kiosco. Cuando ya estaba cerca de la puerta tuve que tocar timbre para que me abrieran, me compre unas obleas, un alfajor y unas cuantas gomitas de colores.
Era muy golosa, cada vez que iba me compraba muchísimas cosas ricas. Ya había hablado con Ezequiel sobre el tema cuando tuve el problema de la depresión. Mi autoestima a veces era alta o a veces era baja. Pero realmente no me importaba lo que me dijeran los demás.
Volví a entrar en la pizzería y recién ahí comencé a saludar, primero salude a Ramiro, luego a Chani y por ultimo a Andrés. Ezequiel no estaba porque había dejado de trabajar en la pizzería, se había ido a trabajar a la fábrica de mi papá.
Este día si hubo mucho trabajo, el horno no daba abasto y por eso tenia un montón de pedidos de empanadas atorados. Andrés no me permitía llevarle las bandejas y como no me dejaba, las tenía que tener en el cuartito de atrás donde yo trabajaba y como cada vez iban entrando mas pedidos eran cada vez más los atorados. Y para todo esto mi hermana a los clientes les daba una demora mínima y por esa razón me apuraba a hacer los pedidos.

El trabajo se calmo llegando un poco a la medianoche, pero seguían entrando pedidos de varias docenas de empanadas. Ya cuando se hicieron las once y media de la noche me pude sentar un ratito. Estaba agotada, había ido y vuelta varias veces, ya estaba harta de ese recorrido.
En ese momento Ramiro pasaba por ahí, y se quedo parado mirándome.
Podrías ir guardando ¿No? –me pregunto –ya que no estas haciendo nada y así nos podríamos ir mas temprano
Mira, vos no me vas a decir lo que tengo que hacer. Y por que no lo haces vos yo no me quiero ir, en cambio vos si. –mentí en la ultima parte.
A veces lo odiaba y a veces lo amaba, era muy lindo y usaba un perfume irresistible, me quería ir ya. Siempre a veces con su humor me ponía mal el día.
Cuando nos fuimos de la pizzería llevamos a Chani a la casa y mi papá fue a su fabrica a apagar o encender el refrigerador, luego de la un viaje de media hora mirando hacia la nada, llegue a mi casa. Luego de saludar a mi mamá fui directo a la cocina y me senté en mi silla y no me moví de ahí hasta que tuve ganas de ver una película. Así me quede hasta las cinco de la mañana viendo Dr. House.
La luz me molestaba, aunque tenía los ojos cerrados, se notaba.
El cumpleaños de Loli había pasado, ahora el día de mañana vendría el de Maru, pero primero tenia que vivir el día de hoy. Cada día que pasaba tenia que vivir con dificultades, siempre mi papa tenia que enfrentarse; y así pasó.
Me levante de la cama y fui directo a la cocina, mi garganta estaba muy seca y me hacia doler. Como fui hacia la heladera antes de saludar a mi papá, este se enojo y me dijo de todo. Como odiaba eso. El quería que yo le diera un beso, pero ¿es que jamás me conoció, es que no me conoce? Odio que me den besos y también odio que cuando les vallas a saludar te dejen la mejilla empapada de sudor.
Me duche y me cambie, el día transcurrió como cualquier otro, nada cambiaba de esa rutina que tanto odiaba. Levantarse hacer nada, o que te manden a realizar cosas del parque y luego terminas toda sudorosa, y luego ir devuelta a la pizzería, como la odio.
El cumpleaños de Maru había estado fabuloso, estuvimos mucho tiempo en la pileta, haciendo carreras, luego jugamos volley y bailamos más a la noche, ese día pude librarme de la pizzería.

Las vacaciones pasaron tan deprisa que ni cuenta me di hasta que, un día antes de que empezaran las clases mi mamá me pregunto si tenía las cosas como para empezar.
Era muy obvio no tenia nada, ni siquiera una carpeta, menos una lapicera. Pero como todavía era temprano, a la tarde al ir a la pizzería podría ir a la librería e ir a comprarme todas esas cosas.
Se trabajo muy duro en la pizzería, todo el mundo quería disfrutar una salida con amigos antes de que volvieran a las clases. Ojala yo pudiera hacer eso, pero sabia que jamás iba a suceder. El año pasado me había perdido la salida del día del amigo por que al día siguiente tenia un campamento de scout. Eso me dio una bronca fatal. Ver como las chicas y los chicos salían del colegio, todos cambiaditos para pasar una tarde juntos y divertirse y yo parada en la puerta como la mejor esperando a que me vengan a buscar, y encima de todos no es que me vinieron a buscar ni bien salí, sino que cuando todo el mundo se había ido.
Al final me pude comprar las cosas que necesitaba para empezar el año, y compre de más, por las dudas. Siempre perdía algo en algún momento del período escolar.
No me dormí temprano, así que a la mañana siguiente me costo mucho levantarme. Siempre al principio de clases costaba muchísimo levantarnos a mis hermanos y a mi ya que antes nos levantábamos casi a la hora que queríamos y ahora para ir al colegio había que levantarse a las seis y media de la mañana. Nos cambiamos y luego de que estemos listos nos subimos al auto para poder ir. Mi papa se había quedado dormido, así que nos llevaría mi mamá.
Al llegara la escuela, me agarro una sensación de miedo, no sabia como iba a ser el año, mi hermana había tenido a la profesora Español Martines Fayo y me había dicho que era muy estricta, pero si tenía suerte no la iba a tener, ya que se había corrido el rumor que no la tendríamos ya que la profesora Claudia había pedido nuestro curso.
Los alumnos ingresaban al establecimiento, algunos estaban preocupados, otro no, algunos hablaban entre si al encontrarse con un compañero de clase.
Cuando estaba por entrar al establecimiento alguien me toco el hombro. Al darme la vuelta me encontré con unos ojos azules como el zafiro, unos cabellos castaños con mechas rubias. Tania.

Las primeras clases fueron divertidas, no hacíamos nada. La profesora hablaba a la pared. Luego se fueron tornando más serias. Para las matemáticas, siempre estaba seria. Es mi materia favorita.
La primera semana estuvo fabulosa, y al mismo tiempo aburrida.
Fue divertida, por que nos volvimos a reencontrar con nuestras amigas, y la pasamos espectacular. Hablando de las navidades pasadas, de los regalos, de cómo habíamos pasado el año nuevo y luego los regalos que nos dieron en el día de reyes. Y por último nos contamos que fue lo que estuvimos haciendo durante los tres meses de vacaciones.
Y fue aburrida, porque teníamos que estudiar para cuando nos tomaran el diagnostico. Y porque de ahora en más había que empezar a estudiar y dejar de hacer nada.
Las cosas cambiaron. Tania, no me mostraba mucho cariño, a pesar de que le había dicho los problemas que tenía con ella, con respecto a lo de su novio y ella.
Pero como no hubo respuesta de ella hacia mi, no me importo. Así que tendría que buscar unas nuevas amigas, y así fue.
Lo primero que hice fue juntarme de vuelta con Lucía, una compañera que había entrado en cuarto año de primaria. Ella es rubia, de altura mediana y es muy estudiosa. Pero por sobre todo es muy buena persona.
Al juntarme me di cuneta que de las cosas que hablaban entre ese grupo de amigas que en el estaban Paulina, Ana y Sofi, no iba conmigo. Los temas de ellas, en la escuela, eran los exámenes que íbamos a tener durante la semana, o la tarea que teníamos que hacer para el día de mañana. Y yo ni soñando hablaba de eso.
En la segunda semana cambie de grupo y me fui al de Vicky, Jose, Agus y Marian. Ellas también eran muy diferentes a mí. Tenían clase distinta a la mía. No pasaba por si tenían más dinero o no, pasaba por si se mostraban que tenían dinero o no.
En el caso de ellas, se la pasaban hablando de moda, de aquí y de allá, de los chicos de holygood y todo lo demás. No es que no me gustaran los chicos de holygood, pero no para estar todo el día. Así que decidí cambiar de vuelta de grupo. Esta vez me fui con Maru Sist y Bel Teruggi.
Ellas me parecieron buena onda. Maru, estaba ala moda, pero no se lo pasaba hablando de ello y Ter –apodo de Bel Teruggi –también lo estaba, pero lo mismo que Maru, no lo demostraba todo el tiempo.
Realmente fue el grupo que más me gusto, así que me quede.
Tanto Maru como Ter me aceptaron en el grupo y empezamos a salir los viernes, las tres juntas.
Para la tercera semana me había encariñado tanto con ellas, que les conté hasta mis más íntimos secretos, les conté lo que me paso realmente en el verano, lo que me había hecho mi “santa” hermana, y que por eso algunos días me verían o furiosa, o triste, y todo por un chico que ciertamente no valía nada.
Lucía, en el segundo día de la tercera semana, desde que habíamos empezado las clases, me dice que el sábado, festejaba su cumpleaños y que a las nueve de la noche, tenía que estar allí.
El día siguiente seria feriado, ya que había un paro de profesores, y por esa razón muchos de los profesores nos habían dado unos cuantos deberes para hacer durante un día.
Ese día salimos al centro, Maru, Ter y yo. Fuimos a MacDonals a comer y luego divagamos por ahí, nos compramos bijou, pasamos por las librerías y nos compramos un montón de libros. Cero que fui la que más se gasto plata en ese lugar. Después fuimos a comprar ropa, vestidos para fiestas, ya que este año íbamos a tener fiestas de quinces.

Después más o menos a la tarde, me tuve que tomar el ómnibus porque me habían dicho que ese día tenía que ir a trabajar a la pizzería, así que cuando terminamos de comprar, me fui hacia la parada.
De ahí me tome el ómnibus y después de unos minutos llegue a la pizzería, estaba solamente Andrés.
Como no tenía ganas de hacer nada, comencé a leer uno de los libros que me había comprado, de un momento a otro, mi papá estaba en la puerta. Así que me tuve que mover con mucha agilidad. Guarde el libro y actué como si estuviera por hacer algo.
– Hola –me dijo con voz ronca.
– Hola –le conteste.
– ¿Te compraste cosas?
– No, me las regalaron –le dije riendo –es obvio que me las compre.
– Bueno.
Andrés a lo lejos se reía, seguro por el cambio brusco de estado que había hecho. Después de eso no volví a tocar el libro, el trabajo había comenzado y casi no tenía tiempo de llevar los pedidos para que los hicieran.
Entraban pedidos de muchas empanadas y muchas pizzas o de tres docenas de empanadas y sino eran cinco pizzas como mínimo en un solo pedido, pero bueno se trabajo bien y con mis hermanas cobramos más.
Cuando llegue a casa me senté en el lugar de siempre y prendí la televisión, estaba una película en donde trabaja yaky chan. Y como a mí y a toda mi familia le encantan sus películas, la dejamos.
Mis papas y mis hermanos se fueron a acostar a las tres de la madrugada, en cambio yo me quede haciendo algunas cosas, no tenía ganas de dormir, en un momento como ya no tenía nada que hacer me bañe, así mañana no me molestaban con eso, estuve cantando todo ese rato, Luego me cepille el pelo y me lo seque, me lo planche y quede hermosa. Estaba totalmente lista para ir a dormir. Cuando mire el reloj me sorprendí mucho. Ya eran las seis de la mañana. Apague todas las cosas que estaban encendidas y me fui corriendo hacia la habitación. Cuando llegue la perra estaba en mi cama y justo donde yo apoyaba la cabeza, por dios no se puede poner del otro lado.
– Lila –le dije en un susurro, para que nadie se despertara y me preguntara que estaba haciendo a estas horas.
Lila, salio, y luego se despedazo. Pobre la desperté de su sueño, tan cómoda estaba. Me coste en mi cama y me tape. En un santiamén me quede dormida.

– Lucía levántate –me grito jazmín.
– Ya va –le conteste con los ojos aun cerrados.
Hoy era el cumple real de Luli, tendría que llamarla.
Fui hacia la cocina, a ver la hora que era, seguro era después de las dos de la tarde.
Cuando llegue estaban todos despiertos y de aquí para allá, sophie estaba bien cambiada, y los demás también
Mire el reloj y era temprano, once y veintitrés de la mañana, realmente no lo podía creer. Para que me habían levantado tan temprano, y por que todos estaban así. No entendía nada de nada.
Me quede mirando a mi familia que corría de aquí para allá, a veces llevándome por delante, en ningún momento me dijeron bueno días.
– ¿Qué esta pasando?
– Tenemos que irnos, vos te quedas acá y vas a limpiar el jardín. Vamos a volver como a las siete de la tarde o un poco más tarde. –me dijo mi papa con una voz muy ronca.
– ¿A dónde van?
– Vamos al festival de Rocío. Es que no te acordas.
– Realmente no. Pero ¿Por qué no me despertaron para ir?
– Porque no queríamos molestarte, así que te quedas acá.
– Bueno, esta bien. ¿Qué parte del jardín tengo que limpiar?
– La de adelante, tenés que sacar las pinochas de toda esa parte.
– Bueno.
Me fui a mi habitación de vuelta y me cambie, me puse unos jogging y una remera de color verde.
No me gusto nada que mis padres no me despertaran para ir a ver el festival de mi propia hermana. Me pareció un desprecio total de parte de ellos.
Y lo peor que es mis hermanos tampoco me habían levantado.

Sentí en mí corazón un fuerte rechazo, que me hizo caerme al suelo. Dolía tanto, tanto. Cada vez que pasaba esto siempre venían las preguntas, cosas que jamás me iba a poder responder, cosas que si no se las preguntaba a ellos, jamás las iba a saber.
Después de un rato de estar tirada en el suelo, que me levante y recién ahí comenzaron las preguntas.
>> ¿Por qué me pasaba esto a mí?, ¿Por qué todas estas cosas a mí?, ¿Tanto me odian?, ¿Qué es lo que me esta sucediendo?
Al final las preguntas no sirven de nada, si nadie te las puede responder. Pero siempre te las haces.
Salí de la habitación y fui a la cocina. Me había levantado temprano y tenía mucha hambre. Tome un cuenco, el yogurt y los cereales.
Lo bueno de esto es que tenía la casa para mi sola. Y nadie me molestaría, tendría la música a todo lo que da, para que cuando barra en el patio de adelante, pueda escucharla perfectamente.
Primero, puse la tele, para ver que había. Si había algo que me gustase, lo dejaría, sino pondría directamente música.
Estaban Los Simpson. Ese programa, mi hermana jazmín se la pasaba viendo. A mi me gustaba pero siempre quería ver los capítulos nuevos, los viejos ya me los sabia de memoria, de tanto verlos, y eso me aburría. Cambie de canal y estaba una película en la que trabajaba Michael Murray. Era un chico muy bonito. Y con la chica que trabajaba, también. Creo que es Hilary Duff.
Después de quedarme un rato mirando tele y comiendo, me levante y prendí el Home Titter y el DVD, puse uno de mis CD preferidos y lo puse a todo volumen. Se escuchaba perfecto desde donde estaba.
Tome el rastrillo y comencé a limpiar las pinochas. Primero por la parte más cerca del garaje, luego por el camino que conduce al garaje, después al lado de este, y por último me quedaba la parte que quedaba frente a la ventanas de las habitaciones, tanto las mías como las de mi mamá.
Ahí era más complicado, había montañas de tierra y con las lluvias se formaba barro, y por eso la tierra estaba más blanda y se me pegaba al rastrillo.
En un momento divise algo brilloso, detrás de la tierra. Era fuerte, eran como diamantes cuando les pegaba el sol. Largaban una luz inmensa.
Pero, ¿Qué seria?
Como en mi casa te podías encontrar cualquier cosa, fui a investigar. Me costaba demasiado subir a la tierra, cada dos por tres me resbalaba, o por una roca o por la misma tierra blanda.
Aun se veía lo brillante. Temía que cuando llegase, fuese nada más que un papel plateado. Pero seguro que no lo era, no debería brillar así.
Al llegar a lo más alto, no lo divise más. Mi temor de no verlo se había vuelto realidad. Fui hacia donde creía que lo había visto, pero cuando llegue no había ni siquiera un papel, vidrio o nada que hiciera nada para brillar.
Cuando me di la vuelta, vi a un hombre parado, muy cerca de mí.
¿Cómo es que había llegado ahí? ¿Qué estaba sucediendo?
El hombre se abalanzo sobre mí, me tiro al suelo y se me acerco al cuello. Ahí fue cuando sentí una punzada terrible en mi cuerpo. Las cosas habían sucedido demasiado deprisa, para que mi cuerpo y mi mente procesaran más rápido.
Lo que se que si hice, fue pegar tal grito que el hombre me tapo la boca. Ahora me sentía más segura.
Piensa, piensa, piensa –me dije a mi misma – ¿tienes algo para atacar? ¿Algún cuchillo? No.
Tengo un encendedor en mi bolsillo, que suerte.
Mientras el hombre seguía en mi garganta, yo trate de sacar el encendedor de mi bolsillo, me costo, ya que cada vez me sentía más y más mareada. Hasta que al fin lo logre sacar y lo encendí.
Este, no era cualquier encendedor, era uno que me había regalado una vez ya que a mi me encantaba coleccionarlos, me parecían fascinantes.
Prendí fuego la ropa del hombre todo lo que puede, así no podía apagarse, e hiciera lo que hiciera se quemara.
El hombre se dio cuenta, así que se despego de mí y trato de apagarse el fuego, pero creo que no lo logro.
Me sentía demasiado mareada. Caí al suelo con la vista nublada, y no supe más del hombre.
Una oscuridad terrible me abrumo por completo, no había nada de nada. Solo que la misma oscuridad me aplastaba cada vez más.
Sentí que algo en mi cuerpo, comenzó a arder.
Sentía que era fuego, no me hacia daño por fuera, pero sentía como quemaba cada órgano de mi cuerpo.
El dolor más intenso estaba en las piernas, con el tiempo paso cada vez más arriba, pero jamás se acababa.
Al mismo tiempo que se me quemaba el cuerpo, la oscuridad me aplastaba, queriendo desaparecerme. Pero yo luchaba contra ella.
Era muy pesada la oscuridad y mientras pasaba el tiempo cada vez me dolían más y más los músculos. Parecía que en este mundo jamás pasaba el tiempo, siempre estaba oscuro.
No veía nada, ni siquiera a mi misma. Cosa que cuando era de noche, en mi otro mundo por lo menos podía ver algo.
Después de estar un tiempo, aun luchando con la oscuridad y con el dolor, pensé que seguro me estaba muriendo.
¿Podría ser tan fea la muerte? ¿Tanto dolía la muerte? ¿Hace cuanto que estaba con este dolor?
Igual que las demás preguntas, no había nadie que me pudiera responder esas preguntas, y seguro que nadie tampoco las podía responder. ¿Por qué siempre me tiene que pasar todo a mí?
Paso más tiempo y cada vez deseaba la muerte completamente para dejar de soportar este dolor, pero nada pasaba. En ese momento el dolor de las piernas se alivio un poco pero paso a mí. Vientre y fue como si me dieran una cuchillada ardiente. Trate de gritar, pero no salio nada. No entendía nada de nada. Volví a sentí una quemazón más fuerte en los brazo y quise volver a gritar, y en esta tampoco salio nada de mi boca.
Se escuchaba de vez en cuando algo que se abría y se cerraba, pero no podría decir que es realmente.
El dolor pasó a mi cabeza, en esta quise agarrarme la cabeza, porque de verdad que este era insoportable, se parecían a las puntadas, pero por cada una eran miles.
Después de otro tiempo escuche un golpe. No se escuchaba del mundo en el que estaba, sino como si fuera algo externo, después de unos minutos volví a escuchar otro golpe y ahí supe que era una puerta lo que se abría y se cerraba.
El dolor disminuyo de la cabeza y de un golpe salto a mis pulmones y a mi corazón. Trate con todas mis fuerzas de sacármelos, así no me molestaban y podría morir en paz. Pero no, no paso nada de eso.
Mi corazón ardía de una forma que la sangre que pasaba por el se recalentaba tanto que me quemaba las venas y los pulmones hacían que el aire frío que entraba por mi nariz, al salir parecía el humo de un dragón. Como dolía. Estuve un tiempo largo así. O por lo menos es así como sentí que pasaba el tiempo, pasaba tan lento.
Llego un momento en el que no aguante más y desee tanto la muerte, como nunca en la vida la había deseado Trataba de gritar que alguien me matará, pero no encontraba mis labios para decirlo. Todo era tan negro que me daba mucho miedo esa oscuridad –y eso que antes me encantaba –, pero me la aguante. El tiempo que había transcurrido me pareció eterno, las llamas seguían quemando mis venas y nada las detenía. ¿Por qué nadie hacia algo para que se detenga? ¿No veían el fuego que había en mi cuerpo, que me estaba consumiendo? ¿Dónde estaban mis papás?
De pronto las llamas empezaron a disminuir –eso quería decir que el dolor también –, pero no del todo. Había escuchado por un tiempo indeterminado como se abría y se cerraba la puerta, como discutían las personas al entrar y también escuchaba las conversaciones que seguro estarían en el primer piso –si que hablaban fuerte –, también escuchaba el latido de mi corazón, y el de otros dos más, pero muy lejos. Los dos corazones desconocidos que se oían, latían muy rápidamente, igual que el mío. Pero no me pareció nada malo. El dolor empezaba a disminuir muy rápidamente y eso me impresionaba, ¿alguien me había visto y tirado un balde para apagar las llamas? O... ¿ya estaba muerta? No me animaba abrir los ojos porque el dolor seguía aun, pero cada vez menos. Tenía miedo de no ver nada cuando los abriera o que con solo la acción de abrirlos, hiciera volver el dolor que tanto odiaba. Realmente nunca había sentido tanto dolor en mi vida.
En ese momento oí como alguien entraba –en un lugar donde realmente no sabía donde era –, y luego otro más le seguía. Y empezaron a hablar, pero no conseguía saber que era lo que decían y me asuste. Pero después de un tiempo empecé a entenderles
- Esta tardando mucho en la transformación, su corazón todavía sigue latiendo, y no hay señales a que se pare –dijo uno, con una voz muy suave y cantarina.
- Es cierto, pero no podemos hacer nada, no se mueve para nada, parece Kristen cundo se transformo. –Le dijo el otro.
Deje de prestar atención a la conversación que hacían dos desconocidos y me empecé a hacer preguntas. ¿En que me transformo? ¿Qué es lo que esta pasando acá? Ahí me di cuenta de que no recordaba nada, no sabia lo que había pasado antes de que me sumiera en esa negrura. ¿Qué es lo que me había pasado? Trataba con todas mis fuerzas saber que era lo que me había pasado, pero no lo lograba. Sentí como un aire corría por mi cara y eso debía ser que alguien había entrado o se había ido, me di cuenta que se habían ido los dos desconocidos, ya que no había ruido mínimo –bueno pasando por alto el latido de mi corazón que seguro asustaría a cualquier persona si lo oyese –, estaba otra vez sola, mejor dicho sin personas, porque estaba acompañada por el dolor. Cuando me acorde de este, me di cuenta de que ya no sentía dolor alguno, estaba feliz de que se había ido el dolor, pero... ¿la negrura se iba a quedar para siempre? ¿Eso significaba que había muerto?
No sabia si era cierto o no, entonces decidí hacer la prueba de abrir los ojos para saber si era o no cierto. Pero antes de hacerlo el pánico se me vino en cima. ¿Qué pasaba si abría los ojos y me encontraba que estaba murta, o si el dolor que sentía antes, volvía? ¿Qué es lo que iba hacer? ¿Y que pasaba con las personas que estaban fuera? ¿Me iban a matar cuando despierte, ya que seguro habían matado a mis padres y a mis hermanos? ¿Pero por que no me habían matado ya? Ignore las preguntas que me había hecho y abrí los ojos de un saque.

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