– ¿Qué es lo que quieres? –me pregunto Robert.
– Él... el –tartamudee –el aroma. Es delicioso. Lo quiero tener.
– ¿Qué aroma? –volvió a preguntar. Pero ahora ansioso
– Kristen lo tiene. –Le conteste –ella tiene tres aromas distintos. Uno que seguro es el de ella. Otro que esta un poco y también es rico, pero tiene el otro, muy poco concentrado, pero lo tiene y lo quiero para mí. Me abruma la mente.
Se me quedaron mirando, sorprendidos por lo que había dicho.
– Es verdad. Kristen tiene el olor de Anahí y el de Taylor. Pero no tienen que parecerles todos deliciosos. Hay uno que le tiene que producir hedor y ese el de Taylor. ¿No lo entiendo? –concluyó Robert.
Ya me había controlado completamente. El olor seguía pero podía controlarme.
– Alice me parece que vamos retrasar la visita de Anahí acá.
Alice apareció de la nada y se puso frente a Robert
– Nunca –le contesto fieramente. –después de que Anahí venga acá, ella va a salir conmigo a comprarse cosas.
Kellan me saco de la cocina tomándome de los brazos. Me llevo hacia su habitación, la habitación que últimamente dormía yo.
Me sentó en la cama y el se dio vuelta. Dándome la espalda. Primero se quedo quieto como una estatua con la mano en la frente, pero después empezó a caminar por toda la habitación. No me miraba y yo le seguía con la mirada.
¿Qué es lo que pasa? Me pregunte.
– ¿Enserio te parece rico el aroma de Taylor? –me pregunto, apareciendo de repente frente a mí.
– No sé de quien es –le respondí a la pregunta –pero ninguno me pareció horrible ¿Debería?
– Sí debería parecerte uno horrible. Debería producirte hedor –casi gritando. Se estaba yendo de las casillas que lo mantenían sano de violencia.
Después de esto. Me miro con curiosidad y al ver que no respondía nada a eso, se fue de la habitación. Dejándome sola en ella.
Me recosté sobre la cama tendida y cerré los ojos para aclararme las cosas.
¿Por qué el olor de Taylor debía producirme hedor? ¿Qué era lo que pasaba? ¿Por qué Kellan se había sacado de sus casillas al saber lo del aroma? ¿Cómo sabían que era el olor de Taylor el que me producía tal movimiento? ¿Por qué se había enojado conmigo?
Me hice tantas peguntas, que me maree. No podía responderme ninguna de las preguntas. Para saber las respuestas tenía que preguntárselo a Kellan o a Robert. Pero no tenia gana de comerme el enojo de Kellan.
Abrí los ojos y vi como alguien me miraba parado que estaba frente a la cama.
Nikki se agacho y me puso una mano en el rostro, puso el dedo pulgar por debajo de mi ojo derecho y lo pasó como un parabrisa.
– No tenés por que llorar.
No me había dado cuanta de que estaba llorando. Y tampoco de que alguien había entrado en la habitación cuando me estaba haciendo las preguntas.
Me senté y le abraza muy fuerte mente. Ella se sobresaltó, pero luego me respondió con un abrazo también.
Las lágrimas se desbordaron más aun. Cuando me di cuanta de que estaba mojando la ropa de Nikki, deje de abrazarla y me despegue de ella. No me soltó del todo, sus manos seguían en mi espalda pero sus brazos estaban estirados.
Me saque las lágrimas de los ojos con las manos y me quede mirándola.
– No llores más. –me dijo –si Kellan te ve se va a poner como loco. Odia verte mal.
– Pero ¿No esta enojado conmigo?
– Para nada. El solo esta un poco molesto, pero nadie puede enojarse mucho con vos. Eres tan dulce.
Sonreí por lo que me había dicho. Una de las preguntas que me había hecho estaba respondida.
– Ahora ve y juega un poco con el a la play. Así se calma un poco. Se divierte mucho con vos. Le haces sentir como... –y dejo de hablar.
Me levante y me dirigí hacia abajo, dejando pasar lo que me había dicho Nikki. Lo iba a dejar para otro momento. Ahora mi objetivo era calmar a Kellan, a la persona que más quería en la familia, a parte de Nikki que la quería igual que a Kellan.
Estuvimos jugando toda la tarde. De diez partidas de ajedrez le gané siete. Después de eso habíamos jugado a la play. Los autitos chocadores estaban buenísimos jugarlos ahí. En esto él me ganó siete y 5yo solo tres. Había logrado el objetivo.
Ya eran las ocho de la noche cuando terminamos de jugar, así que fuimos a cenar, – mejor dicho, fui a cenar –los dos juntos. En la cocina no había casi nadie, solo estaba Nikki cocinando.
Me senté en una banqueta que estaba cerca de ella y los mire a los dos.
Los tres juntitos parecíamos una familia.
Kellan el padre, Nikki la madre y yo la hija. Al pensar esto me di cuanta que los quería como si ellos lo fueran de verdad. No quería por nada del mundo que ellos se fueran de mi vida, ahora que los conocía. Por eso gritaba demasiado cuando tenia sueños malos con ellos. Ellos eran mis padres vampiros.
Mi madre me sirvió la comida que había hecho. Eran ravioles con salsa boloñesa. Me encanta estar en esta casa, me dije a mi misma.
Tenía todo lo que había querido tener. Una mama que me abrase cuando tenga pesadillas, un papa que juegue conmigo cuando yo quiera y que no este en otras cosas.
Todas esas cosas que tenia ahora pronto se me iban a ir otra vez. Apenas van tres días que estoy acá y ya les caigo bien a todos. ¿Cómo voy a reaccionar cuando me valla? ¿Cómo van a ser las cosas allá sin Nikki y Kellan?
Me di cuanta de que me estaba preocupando de cosas que todavía faltaban casi un mes entero, así que lo deje pasar y comí lo que me habían cocinado. Se me hizo muy tarde el cenar. La hora que era me sorprendió mucho cuando Kellan me la dijo
– Bueno niña a dormir que ya son las doce.
Me tomo por debajo de mis piernas y puso una mano en mi espalda y me alzo. Me llevo en brazos hasta la habitación donde dormía y me recostó sobre la cama, me tapo con las sabanas y me dio un beso de buenas noches e la frente.
Me sentí muy aliviada cuando sus labios fríos tocaron mi frente. Era como si lo necesitara. Cerré los ojos y me perdí en el tiempo. No sé cuando me había dormido pero lo único que se es que esta noche no tuve sueño. Mi mente vagaba con las imágenes del día. Mayormente cuando capte el olor tan delicioso que tenia Kristen.
Una luz plateada se asomaba por el ventanal grande. Había dormido tranquila y sin sueño malo. Me levante de inmediatamente y me cambie con la ropa que seguro me había dejado Alice. Me puse las hojotas que también estaban al lado de la cama.
Baje como un rayo las escaleras y en medio segundo ya estaba en la cocina. Estaban todos ahí. Mire uno por uno.
Ahí caí en la cuenta. Hoy iba a conocer a Anahí. Los únicos que me miraban eran Nikki y Kellan. Los demás estaban en sus cosas. Unos tratando de concentrarse, otros hablando.
Salude a todos con unos Buenos días. Me fui a sentar entre Kellan y Nikki. Ella me esperaba con mi cuenco de cereales y mi yogurt
Desayune muy tranquilamente. Todos estaban muy tranquilos, excepto Jackson que estaba como loco. Robert trataba de calmarlo mientras que Alice se enojaba con Jackson por no confiar en sus visiones. Kellan me miraba con curiosidad y Nikki nos miraba a los dos. Elizabeth estaba fregando unos platos y Peter le ayudaba. Hoy Kristen no estaba, seguro que era ella quien traía a Anahí.
El miedo que no me había asustado antes, se me acho encima. ¿Qué pasaba sí le hacia daño? ¿Y si le hacia daño me separarían de Kellan y Nikki? ¿Me mandarían a otro lugar a aprender a ser un vampiro civilizado?
Como un instinto me abrase fuertemente a la cintura de Nikki. Esta se sobresalto, pero me siguió el juego. Kellan luego de ver como abrazaba a Nikki, nos abrazo a las dos juntas. Puso su boca al lado de mi oreja
– No tengas miedo –me susurro
Sus palabras no me calmaron del todo, pero mayormente sí.
– Nadie nos va a separar –volvió a susurrar.
Ahora todos mis músculos se relajaron. No me iban a separa de mis padres si le llegaba hacer daño a... ¿mi prima?
Nikki empezó a tararear una canción que no conocía, pero era muy hermosa, parecía –por el tono que tarareaba –una nana. Una canción para dormir.
Era la una de la tarde cuando me quise dar cuanta de que faltaba solo media hora para que Anahí entrara por la puerta principal y quien sabe que iba a hacer después. Yo no pero Alice sí. Jackson se había calmado por completo, pero el que ahora estaba impaciente era Robert. Se movía de un lado para otro. Le ofrecimos varias veces el asiento, pero todas las veces lo rechazo
– Ojala pudiera leerle la mente – dije para mis adentros.
Cuando mire el reloj otra vez para ver cuantos minutos me quedaban.
– ¡Falta un minuto! –grite a todo pavor, Robert se sobresalto por un momento y luego se puso tenso. Quedo como en estado de shock
Afuera se escuchaba como alguien corría hacia nuestro encuentro. Me levante de un salto y Jackson estuvo frente a mí en un instante.
– Solo quiere huir –le contesto Robert a Jackson, como para que me deje hacerlo y que su hija no este en peligro
Kristen ya estaba frente a la puerta cuando este concluyo. Kellan me tomo del brazo derecho y Nikki hizo lo mismo pero con el izquierdo. No me opuse a su encarcelamiento, no quería hacerle daño a la niña que estaba fuera, esperando entrar.
Mis sentidos se agudizaron, las aletas de mi nariz se me dilataron y mi sentido auditivo también se agudizo y pude captar algo que Kristen le decía, pero la pregunta me la había perdido.
– No tengas miedo mi amor, ella no es mala. Solo es como yo. –la tranquilizo.
Todos estábamos listos. Cuando Alice dijera que ya podríamos abrir la puerta
La sala quedo sumida casi en le silencio, solo que dos corazones y respiraciones muy agitadas lo rompían. No me sonaron las respiraciones exteriores, ya las había escuchado el primer día que había sido vampiro.
Robert se coloco frente a la puerta principal antes de que Alice rompiera el silencio.
– Ya pueden abrir la puerta –hizo una pausa –Lucía esta totalmente controlada, no va a hacer daño alguno.
Robert abrió la puerta muy despacio, pero la brisa que corría fuera era fuerte y el olor que trajo hacia mí, era delicioso.
Los ojos se me pusieron como platos al percibir el aroma, pero me quede estancada ahí, simulando todo dolor que producía en mí. Esta vez el olor era mucho más fuerte a comparación del que tenía Kristen, pero este no era el de Anahí. Ella tenía un olor muy parecido al mío, fuerte y floral, era rico pero no tanto como el que llevaba consigo.
Kristen avanzaba muy lentamente por la sala y estuvo a dos metros míos y se estanco ahí.
Anahí iba en los brazos de la madre. Era una niña de ojos marrones –como los míos –, tenía el pelo de color cobrizo y tenía rizos. Parecía una niña de tres años y no a una de meses. Pero era realmente muy hermosa.
Quise dar un paso hacia ella, pero antes de hacerlo me lo pensé dos veces. Si me adelantaba todos iban a pensar que quería matarla, así que me quede ahí parada mirándola.
La niña bonita que todavía no me había mirado, me miró por primera vez. Sus ojos flamearon al verme. Levanto su pequeña mano derecha y la poso sobre el pecho de Kristen
– Viste, es tan hermosa como voz –le contesto Kristen a Anahí.
No le preste mucha atención a lo que le dijo, era la niña más bonita que había visto en mi vida. Estaba atontada por su belleza y como primerizo para mi cuerpo, el olor que traía con ella.
No iba a atacarle porque tenía el aroma, si no que lo quería tener cerca de mí y no alejarme más de él.
Trate de soltarme de las manos de Kellan y Nikki, pero sentí como me tomaban más fuerte, cuidándome a mí y a la niña. Los mire.
– Estoy bien solo quiero verla de más cerca y poder abrazar a mi primita –después de soltar esto Kellan y Nikki me soltaron inmediatamente, me tape la boca como si hubiera dicho algo mal y di un paso hacia atrás.
Todos me miraban y encima, sabían que no me gustaba, pero lo seguían haciendo. La sangre se me subió a las mejillas y seguro que me ruborice. No sabía como arreglar lo que había dicho.
Kristen comprendió mi rubor en las mejillas y ella fue quien rompió el silencio que había provocado.
– No se queden mirándola –los reto
Durante tres segundos –que me parecieron una eternidad –siguieron mirándome fijo, pero luego volvieron a la realidad. Kristen avanzo los pasos que nos separaban y me tendió a Anahí.
Apenas toco mi brazo que el rostro se le lumino con una sonrisa, tenia los dientes de leche muy blancos. Era hermosa.
El olor que traía, por un momento me volvió a aturdir, pero luego me alivió. Podía oler ese aroma cuando yo quisiese y lo iba a tener para mí. Abrase con un poco de fuerza como signo de bienvenida.
Su piel era blanca y muy suave, parecía algodón. Ni bien la veías querías tocarla para saber si la piel era tan suave como aparentaba. Pero su piel no era igual que la de los demás, era caliente. No había tanta diferencia de temperatura entre mi piel y su piel, la mía estaba por debajo de los grados que ella la tenia, pero no se iban a los grados que tenia Kellan, parecía un congelador. Aunque eso de congelador me venia bárbaro cuando tenia pesadillas.
Anahí apoyo su mano sobre mi pecho, como lo había hecho con Kristen.
Las imágenes pasaban muy rápidamente, pero se las veía con demasiada claridad.
Una era la imagen de Kristen cuando tuvo a Anahí, luego cuando la conocía y muchas imágenes más. Las de Robert, las del abuelo, de toda la familia. Pero había una foto que llamo mi atención. Era la de un chico alto de color piel rojiza que tenia el pelo morocho y corto. Anahí mostraba muchas de este chico y me di cuenta que ese chico había imprimado a ella.
Me había gustado mucho, así que me grabe las imágenes – en la cual aparecía –en la cabeza. Sabia que no iba tener ninguna chance con ese chico, pero ¿Por qué no babosearse un rato con un amor platónico?
Todos después de unos minutos se tranquilizaron. Anahí y yo nos llevamos muy bien. Estuvimos jugando un buen rato a la play las dos juntas, pero luego se sumó Kellan.
– Le prestas más atención a ella que a mí, por eso vengo a jugar. –me acuso.
Me reí por lo bajo, lo que había dicho Kellan significo solo una cosa. Lo que había dicho hace unas horas había quedado en el pasado y no me iban a sacar de ahí porque me había familiarizado mucho con ellos.
Alice tomo la cámara y nos empezó a sacar fotos a mí y a Anahí. Al principio nos negamos, pero Alice hizo como que no nos escuchaba y siguió sacándonos fotos. Después cuando el juego terminó Alice nos ofreció hacer un desfile y esta vez aceptamos.
La casa parecía que dentro tenía una tormenta eléctrica. El flash no nos cegaba porque éramos vampiros, pero sino lo fuésemos ya estuviéramos ciegas. Anahí se cambio varias veces de ropa, pero yo como no tenia nada, me saque siempre con la misma.
Las fotos se disparaban muy rápidamente. Las poses que hacíamos algunas nos causaban tanta risa que por eso en muchas fotos salíamos tiradas en el suelo riéndonos.
Ese día fue unos de mis mejores. Había conocido a mi primita, había jugado con ella y no había nada que podía arruinar ese día.
A las ocho de la noche Nikki me llamo para cenar.
– ¿Anahí no come? –le pregunte
– No, ella no es como voz, ella caza –me explico.
Hoy Nikki y Elizabeth habían cocinado. Nikki había cocinado las milanesas y Elizabeth las papas fritas. Mi madre me había hecho dos milanesas porque había estimado que tendría un hambre terrible y era cierto. Me las comí en menos de diez minutos y Nikki tuvo que hacer otra. Las papas fritas que había hecho Elizabeth también habían desaparecido rápidamente.
Realmente tenía un hambre feroz. No había comido en casi todo el día por los nervios, solo había desayunado.
– Lu –me llamo Robert.
Cuando me di la vuelta para responderle me percate de que en la cocina no estábamos solo Nikki, Elizabeth, Anahí y yo, estaban todo y mirándome. La sangre me volvió a subir a las mejillas.
– Sí –le conteste agachando la cabeza para que no vieran mi rubor.
– ¿Averiguarte de quien era el olor?
– Lo único que se es que Anahí también lo tiene y mucho más concentrado que Kristen, pero estoy completamente segura de que ese olor no es el de ella. Anahí tiene un olor... –hice una pausa para poder decir a que se parecía –muy parecido al mío.
– Entonces por lógica, ya sabemos de quien es el olor –miro a todos y continuo –. Le prohibiremos a Taylor venir a esta casa hasta que por lo menos ella se valla.
A mi amor platónico no lo iba poder conocer jamás en la vida.
Después de cenar Anahí y yo volvimos a la sala para ver un poco de televisión. Pusimos la serie de Zac y Coddy y nos reímos un poco cada vez que los chicos hacían una trampa y el que venia se la comía.
Cuando termino la serie, no lo sé, porque a la mitad de la serie que duraba dos horas me quede dormida.
Me desperté, la luz me pegaba en la cara. Me pelo estaba pegado a mi cara. Me lo saque de encima y me empecé a cambiar con la ropa que había otra vez en la silla de al lado de la cama.
También me di cuanta que ayer no me había dormido en la cama sino que en el sofá de abajo. Alguien me había llevado hasta aquí. Y por sobre todos me puse muy alegre cuando recordé que no le había hecho daño a Anahí, y seguí cambiándome con mucho más entusiasmo.
Baje las escaleras a los saltos, mis pasos casi no se escuchaban ¿Cómo era eso posible?
No me importaba nada de eso ahora. Quería ver a Anahí y pasarla tan bien como ayer. Entre en la cocina y todos se dieron vueltas para mirarme. El entusiasmo bajo y también baje la cabeza yo. Todos se rieron al mismo tiempo. Esta vez el que me esperaba con el cuenco de cereales y el yogurt, era Kellan. Me lo tendió cuando estuve cerca y lo tome con gracia. Desayune tranquilamente, todo estaba demasiado silencioso para ser una mañana perfecta.
Alice se aclaro la garganta, como para romper el silencio y comenzó a hablar.
- Lu –empezó diciendo, hizo una pausa breve y continuo –hoy, me gustaría que salgamos a comprarte algunas cosas, ya que no trajimos nada de Argentina.
- He... bueno, si te parece. –no pude decir nada más.
- Hoy no podrás jugar con Kellan, el se va realizar unas compras con Nikki. Y Jackson viene con nosotras. Así que algo de diversión vas a tener –me dijo mostrando una sonrisa espléndida.
Jackson se empezó a reír muy bajo, y todos me miraron. Me sentí tan intimidada por las miradas frustrantes y ansiosas que veía.
- Peter se tiene que ir al hospital y Elizabeth lo va ayudar, no van a poder acompañarnos, tampoco van a poder venir Kristen y Robert ni Anahí. Así que hoy te toca salir conmigo y Jackson –se giro y miro a Jackson –Excepto que... ¡no pueda! –resalto “no pueda” y lo miro con una mirada asesina. Era como si estuviera obligándolo a ir
- Yo. Si puedo. Y con gusto voy con Lu, total la vamos a pasarla genial. –le contesto –apurémonos, así cuando llegamos jugamos unas partidas –se dirigió hacia mí –y a ver si te puedo ganar alguna.
- Jaja, soña con eso. –le dije con tono de burla.
- Bueno nosotros nos vamos yendo que sino, no vamos a llegar hacer todo –dijo Kellan, al mismo tiempo que se levantaba y se dirigía hacia Nikki – ¿Vamos mi amor?
Nikki se levanto y se fue con Kellan. Poco a poco la cocina se fue deshabitando, luego de que se vallan Kellan y Nikki, Robert y Kristen le siguieron deseándome suerte para el día de hoy, después se fueron Peter y Elizabeth. Ella entes de irse me dio un beso en la mejilla que me sorprendió, pero me pareció muy dulce. Al final habíamos quedado Jackson, Alice y yo.
Termine de desayunar y lave el cuenco. Alice salió de la cocina y la seguí, me tiro una campera y la agarre sin pensar. Me sorprendió mucho que hubiera hacho eso. Pero me resultaba muy lógico. Era una vampiro.
Alice se dirigió hacia una puerta que todavía no había pasado nunca, seguro que era por donde se iba al garage. Era cierto. Parecía muy amplio para el único auto que quedaba. Apostaría a que allí en esa casa había más de cuatro autos. En el garage había un flameante auto amarillo, cuya marca desconocía, hasta que me acerque.
Era un Porsche. No me había dado cuanta de que estaba boquiabierta hasta que Alice me pregunto si había visto uno alguna vez en mi vida. No le conteste y me subí en la parte trasera del coche. ¡Me encantaba! Por dentro, tenía una tapicería de cuero negro, y las luces del tablero eran azules. Jackson se sentó al lado mío y atrajo mi atención. Mientras Alice viajaba a toda velocidad a no sé dónde, Jackson y yo hablamos de mis padres. Les conté que antes de que viniera a Estado Unidos, iba a una psicóloga, por problemas que tenia, con mis amigas y mis padres. No le conté demasiado porque de un momento a otro ya estábamos en un pueblo. Deje de hablar con Jackson y mire por las ventanillas al pueblo hermoso que había.
Nos detuvimos en un pasaje en el que se observaban vidrieras repletas de ropa, libros y CD’s. Alice descendió primero del coche, luego Jackson y yo. Ella, muy decidida, se dirigió hacia el local donde vendían CD’s, que se hallaba frente al lugar en el cual habíamos aparcado. Se detuvo, de pronto, y se volteó hacia mí con una gran sonrisa en el rostro.
- ¡Vamos a comprar CD’s! –dijo casi gritando y alzando las manos a los costados de la cabeza.
La mire perpleja. Apenas llevaba cinco días como vampiro y ella ya quería que me acercara a los humanos. ¿Qué pretendía? ¿Qué matara a todo humano que se me interpusiera?
Jackson y Kellan me habían hablado de lo que sentían los vampiros neófitos. La sangre. Era lo que más ansiaban en esos momentos. También me habían contado que cuando el vampiro era muy joven sus ojos eran rojos. ¿Los míos lo eran? No creo, me lo hubieran dicho y me hubieran puesto lentes de contacto de color. ¿Cómo sabían que no iba a atacar al humano que estaba dentro de la tienda?
Jackson me había dicho que cuando sentí el olor de la sangre humana cerca, la garganta ardía mucho, y que por eso era tan difícil de habituarse a una abstinencia total a la sangre humana. La única a la que le había salido espectacularmente de abstenerse cuando era neófita era Kristen, y el único a la abstinencia total de la sangre era Peter.
Alice me tomo la mano, al ver que no me movía y me empujo hacia el local, para que entrara. El local estaba repleto de CD’s. Nunca había visto tantos en mi vida.
- Lu –me dijo Alice llamando mi atención –tenemos que comprar cien CD’s, así que apúrate a elegirlos. –me amenazo. Como diciendo, “no tengo todo el día, tengo que hacer otras cosa”.
Tome aire y... sentí un aroma muy rico, algo muy apetecible. Como si me hubieran dado de comer algo, en el momento que no tenía hambre, así que no le preste atención alguna. Me dirigí hacia donde estaban los CD’s y empecé a tomar algunas.
Estuvimos casi tres horas eligiendo, aunque la que elegía era yo, no Jackson y Alice. Cuando le dije a Alice que ya era suficiente y que no quería nada más. Esta me miro incrédula. Y me contesto
- pero si apenas llevamos cincuenta
- Y ¿Eso no es suficiente?
- No, te dije que iban a ser cien, no cincuenta. –me contesto enfadada
Ya había agarrado los CD’s de los Jonas Brother, el de Robbie Williams, el de Britney Spears, Madona, Jemes Blunt, Hilary Duff, también otros cantantes ingleses que me gustaban, y también me compre discos de los 70’y los 80’, pero después de eso ya no quedaban más de los que me gustaban y por eso había decidido detenerme.
Alice le pagó al señor que estaba vestido de una forma muy informal, como para ir a trabajar así. Yo era más formal cuando iba a trabajar a la pizzería, y eso que mi hermana iba más formal que yo. Sophie al lado de este hombre parecería una señorita ejecutiva. Me reí por lo bajo al hacer esa comparación. Jackson me miro con la curiosidad en los ojos y luego me sonrió.
Salimos del local y me encamine hacia el coche, pero alguien me había tomado del brazo y eso me impedía avanzar.
–Tenemos que comprar otros cincuenta CD’s ¿No te acuerdas? –me dijo Alice, al mismo tiempo que me daba la vuelta para seguir su camino.
La mire atónita.
Alice se encamino hacia el norte, Jackson me tomo del brazo y me empujo con él hacia donde se dirigía Alice. ¿Adónde se dirige esta? Me pregunte. Alice avanzo mucho más rápido por la acera y en un instante no llevaba casi diez metros de distancia.
- Piensas avanzar –me acuso Jackson. Hasta ese momento no me había dado cuanta que era yo la que aminoraba la caminata –, porque sino vamos a llegar para la anochecer.
Le mire y apresure el paso. Con el paso que había tomado, ya le estábamos pisando los talones a Alice.
En un momento Alice se detuvo en seco y me choque con ella. Habíamos llegado. Era un local muy pequeño. En la vidriera no había muchos discos como había en el anterior local. Me acerque a la vidriera para ver mejor lo que había y me di cuenta de que los CD’s que había, eran en latín, y no en ingles.
Entre sin que me diga nada Alice, que aun seguía fuera. Como no sentí que me siguiera, me di la vuelta y con una seña de la mano la invite a que pasara a la tienda conmigo. El hombre que había estaba muy bien vestido a comparación del otro. Llevaba una blusa color roja y unos jeans color negro.
Cuando el señor nos vio alas dos nos saludo con un asentimiento de la cabeza y luego con un gesto que hizo con la mano nos mostró donde estaban los CD’s.
Me precipite hacia estos y escogí a los primeros que vi. Cuando hube terminado, había elegido a Ricardo Arjona –me fascinaban algunas de sus canciones –, Reik, Macano, Nigga, Chapa c, Chayane, Airbag, Belinda, Daddy Yankee, Camila, Shakira, RBD, y muchos más que ya se me habían olvidado los nombres.
Alice volvió hacer lo mismo. Saco un toco de plata de su bolso y se lo dio al hombre. El chico de la tienda al no hablar nada cuando nosotras habíamos estado, me hizo darme cuenta que era mudo. Pobre. Que horrible debe ser mudo.
Ya era muy tarde. El crepúsculo tenía una vista hermosa desde donde estábamos.
Cuando llegamos a la casa, Kellan y Nikki me esperaban frente a las escaleras. Esta vez no había nadie en la sala. Alice y Jackson al verlos, se alejaron de nosotros y se dirigieron hacia la cocina, sin decir nada. Me quede parada como una tonta mirándolos, me volví hacia Kellan y Nikki. Me estaban mirando con ansiedad y tenían grabada una sonrisa en el rostro.
–Te queremos enseñar algo –comenzó a decir Kellan
–No seas bruto –le acuso Nikki, soltándole primero la mano y dándole un golpecito suave en la cabeza –lo que quiere decir es que... te hicimos una habitación, bue no te la hicimos, si no que te la remodelamos con cosas –termo y me miro ansiosa.
Esperaba que dijera algo, pero no lo hice. Las palabras no me salían. Estaba impresionada. Lo de los padres ¿se lo habían tomado enserio?
– Alice te llevo para que no mires todo lo que hacíamos. Antes era la habitación de Robert, pero de ahora en más va a ser tuya –me termino de explicar.
Todavía seguía sorprendida, estaba realmente atónita y me di cuanta por lo que me dijo Kellan
– Deja de mirarnos así y decí algo.
– Bueno –le conteste sarcásticamente.
– ¿Puedo taparte los ojos? –me pregunto Nikki
– ¿Para qué?
– Y ¿Para qué va ser? Para que no veas hasta que lleguemos.
Nikki le volvió a pegar en la cabeza, después me dio media vuelta y me tapó los ojos. Kellan me tomo en sus brazos y me llevo a cuesta arriba, mientras que Nikki seguía con su mano sobre mis ojos.
Cuando llegamos Kellan me puso en el suelo y después de unos segundos Nikki me destapó los ojos.
Era una habitación con paredes de color violeta intenso. En el medio había una cama grande de sabanas blancas que resaltaba, al lado de esta había un equipo de música de los más modernos. También tenia un ropero enorme, cuando lo abrí estaba casi lleno, pero no explotaba –en mi casa eso hubiera sido un tremendo lió y desbordaría el pobre mueble –estaba todo tan bien acomodado. Mayor parte del mueble estaba lleno de vestidos y cuando mirabas el pie veías un montón de zapatos. Frente a la cama había un plasma y debajo un reproductor de DVD. La habitación también estaba llena de estantes. Algunos ya estaban ocupados, y me di cuenta de que eran DVD’s los que los ocupaban.
Con todos los CD’s que me había comprado llenaría casi todos los estantes. El piso era de una madera oscura pero a la vista podías decir que era suave.
Después de todo eso me di cuanta de que Kellan estaba muy impaciente y por eso golpeaba el piso con el pie.
No podía hablar, la boca no sabia donde estaba y las palabras se habían quedado estancadas en mi garganta.
– ¿Te gusta? –Me pregunto soltando toda la impaciencia que tenia –porque sino, la podemos remodelar.
– No, no –me apresure a decir –esta aviación esta fantástica. Es lo más hermoso y ordenado que vi en mi vida.
– Ah.
Fui en dirección a la cama para probarla. Cuando me senté era la más suave y acolchonada. Estaba re buena la cama. Levante la vista para agradecerles pero algo me impresiono mucho más de lo que esperaba.
Estaba Nikki y Kellan tomados de la mano y mirándome, como si yo fuera el trofeo de ellos dos, algo que se habían ganado.
Nikki tenía la mirada suave pero té hacia prisionera de ella si la mirabas por mucho tiempo y Kellan tenia la misma mirada de siempre pero ahora con un tono de felicidad que realmente nunca se la había visto desde que había llegado.
Me levante de la cama y me dirigí hacia ellos. Ni Kellan ni Nikki esperaban mi reacción, pero yo sí esperaba las suyas.
Los abrase con fuerza y ellos recién respondieron a mi abrazo unos segundos más tarde.
No me animaba a preguntarles, pero si no quería dormir sola esa noche en esa habitación enorme, tendría que tener valor y preguntárselo. Escondí la cabeza entre sus pechos unidos.
– ¿Hoy pueden quedarse a dormir conmigo? Por favor –les pedí con tono de suplica.
Levante la vista para ver su expresión. Los dos estaban perplejos, los había dejado sin palabras por mi reacción y mi pregunta y ahí caí en la cuenta.
– Oh lo siento. Olvide que no podían dormir. Lo siento.
– No, no te disculpes –contesto Nikki – ¿Tienes miedo? –me pregunto con mucha curiosidad
– Un poco. Últimamente he tenido pesadillas.
– Bueno entonces hoy dormiremos los tres juntitos –dijo Kellan –como una familia de tres. –concluyo.
– Ven, que te voy a cocinar así cenas. –dijo Nikki
Lo que había respondido Kellan, había respondido a la pregunta que me había hecho. Si se habían tomado enserio lo de la familia. Los tres juntitos pasamos por el pasillo que nos llevaba hacia las escaleras. Yo iba en el medio, Nikki a mi derecha y Kellan a mi izquierda. Apenas pisamos el primer escalón que un impulso inconsciente mío tomo de las manos a ellos. Se ve que ellos esperaban que haga eso, porque se sintieron aliviados, pero lo que si no esperaba era mi propia reacción.
Era hermoso tomarles de las manos, su piel era tan fría que me agradaba tocarla, pero le apretón que me dieron los dos al mismo tiempo, me dejo paralizada. Se sentía como que ellos mientras más fuerte te tomaban, menos te podías alejar de ellos. Eso no me asustaba en nada, era muy placentero, pero me impresionaba de ellos. ¿Cómo era que dos personas se habían encariñado tanto con una chica?
Cuando llegamos a la cocina Nikki se separó de mi mano y fue hacia donde estaba el horno. De ahí saco una milanesa y la coloco en un plato que tenia del lado de este. Luego abrió la heladera y saco una ensalada de tomate. Todo esto me lo entrego y lo comí muy lentamente. De vez en cuando miraba a Kellan o a Nikki, pero cuando miraba, me daba cuenta de que ellos me estaban mirando y entonces bajaba la vista rápidamente.
Cuando termine de cenar, Kellan levanto el plato y el vaso que había usado. Después de eso Nikki me tomo de la mano y salimos las dos juntas de la cocina. Mire el reloj para saber que hora. Realmente las horas en esta casa pasaban rapidísimas pero no parecía ser cierto cuando las vivías.
– ¿Ya son las once de la noche?
– Si –me contesto con una sonrisa grabada en el rostro.
Después de eso no volvimos a hablar hasta que llegamos a mi habitación. Nikki me recostó dentro de la cama y acomodo las sabanas para que quedaran derechas.
– No tengas miedo. Vamos a cumplir lo que dijimos, pero Kellan va a tardar un poco más.
Ella se recostó al lado mío y me abrazo. Todo esto parecía ser nuevo para mí. Todo me tomaba de sorprendida, y eso que ya tenia padres y hermanos, pero ellos no eran comunes, eran geniales. Los padres que podían entender un poco a su hija.
– ¿Podes poner un CD? –le pregunte con duda
– Sí. ¿Cuál queres?
– El CD de Reik.
Nikki lo coloco en menos de tres segundos y la música comenzó a sonar muy rápidamente. Volvió a recostarse al lado mío, pero esta vez el abrazo que me dio se sintió más. Eso me hizo sentirme satisfecha. Tenia todo lo que siempre había querido tener, solo que faltaba un pequeño detalle para que pudiera cerrar los ojos por completo. Tenia que venir Kellan, no iba a estar tranquila hasta que por lo menos él viniera y me diera las buenas noches.
– Duerme ya mi niña. Él va a venir, no te va a defraudar.
Las palabras solo calmaron un poco mi ansiedad. Cerré los ojos pero seguía muy atenta para poder abrirlos para cuando viniera Kellan.
No lo había escuchado entrar, pero cuando sentí su mano fría sobre mi piel me calmo y mis músculos se relajaron por completo. Ya podía dormir tranquila y muy satisfecha.
Mis ojos seguían cerrados, pero cuando oí un grito mis, párpados se levantaron de golpe. Y vi que estaba en un lugar muy oscuro, había árboles detrás de mí y pude reconocer que era el bosque que estaba al lado de la casa en la que ahora vivía. Sabía que esto era un sueño. Jamás podría estar allí despierta y menos a esas horas de la noche. Pero el sueño parecía muy real. Tome aire para que el olor a vampiro me guiara hasta la casa, y así fue. El olor de Kellan era inconfundible, era muy agradable. Corrí en la dirección que había recorrido antes Kellan y por suerte no me encontré con nada malo y pude decir que no tenía que ser un sueño malo.
Cuando llegue a la casa, había una decoración extraña. Había luces de colores colgando de las paredes y había globos por todos lados. ¿Acaso había un cumpleaños?
Vi como Alice iba de aquí para allá dentro de la casa, colocando cosas y sacándolas para poner otra a cambio. Elizabeth colgaba un cartel que decía feliz cumple. Me acerque a la casa lo más rápido posible, pero en un momento vi como Kellan se me acercaba y me hacia señas con las manos para que me detuviera.
Deje de caminar hacia la casa y espere a que Kellan llegara hacia donde estaba, y me explicara cual era la fiesta que se festejaba.
– Feliz cumple, mi amor –grito a los cuatro vientos.
Puse los ojos en blanco. Mi cumpleaños todavía no era, faltaba un montón, bueno no tanto, pero casi un mes. Me di la vuelta para saber si no había alguien detrás de mí para y verificar si realmente el feliz cumple era para mí.
Sí, era para mí. Detrás de mi no había nadie, solo un bosque muy oscuro. Kellan me abrazo con fuerza y me dio un beso en la mejilla. El beso me hizo ruborizarme y una sonrisa se grabo en mi rostro. Kellan me guió hasta la casa y cuando entramos todo estaba de color azul marino –mi favorito –las paredes y el suelo estaban tapizados con una alfombra de mi color. Era todo tan hermoso.
En la sala había ocho personas abrazadas que cuando me vieron completa o mejor dicho cuando yo los vi completos, todos gritaron acorde.
– ¡Feliz cumple!
Me sonroje mucho más. Todos se abalanzaron hacia mí. Recibí besos y abrazos de todos lados.
Me pregunto ¿Cómo se sentirá Jackson con tantas emociones?
Alice estaba contentísima, saltaba de un lado para el otro, mostrándome las cosas que había puesto. Anahí que hacia lo mismo que Alice, pero con mucho más entusiasmo y encima a ella le quedaba mejor. Alice parecía chiquilina haciendo todas esas cosas
Peter y Elizabeth estaban con los grandes y todos abrazados mirándonos. Bueno la mayoría de los grandes son a partir de los treinta años y estos nunca habían llegado a cumplirlos de verdad, pero eran tan maduros, que los podías poner en la categoría de grandes. Kellan aunque era travieso también se lo clasificaba como grande, y Kristen y Robert que todavía no habían pasado los veinte años, se los podía clasificar en una madurez muy prioritaria.
– ¡Hora de cenar! –grito Kellan tomándome en sus brazos y tomando toda mi atención al mismo tiempo.
Mientras que trataba de alejar la vista atrapante de Kellan vi como Nikki venia rápidamente hacia mí con un paquete en las manos.
– No, no, no –dijo Kellan dándome la vuelta –primero va a cenar y luego va a abrir los regalos.
– Bueno en tal caso, el regalo lo escondemos por un rato y luego se lo devolveremos.
Nikki ya estaba al costado nuestro para cuando termino de hablar. Se me acerco aun más y me dio un beso en la mejilla.
– Feliz cumple hija –me susurro.
Me ruborice un poco, pero para poder ocultarlo y que nadie lo viera y se riera de mi rubor, la abrase con fuerza.
– Gracias mamá –le respondí.
Ese día Nikki no había tenido tiempo de hacer la comida, así que pidieron comida hecha. Elizabeth tampoco había podido, porque había ayudado a Nikki con los preparativos.
La comida era sencilla. Era una suprema de pollo con papas a la española. Es una de las comidas más deliciosas, obvio después de la milanesa con papas fritas.
Ni bien termine de tragar el último bocado, que Alice me tomo de brazos y me llevo saltando hacia la sala, donde estaba todo mayormente decorado.
Cuando pasamos por la puerta que separa la cocina de la sala, vi una torre. No era una torre cualquiera, era una torre de todos los colores, blanca, azul, verde, amarilla, y otros más; ninguno se repetía.
Después de estar atónita por un minuto entero, comencé a ver que no era una torre entera –quiere decir que no era de una sola pieza –sino que había cubos y prismas grandes y chicos. Los de abajo eran los grandes y los de arriba los más pequeños.
Las lágrimas empezaron a desbordarse de mis ojos, parecía una catarata llena de agua y que pronto iba a inundar toda la cuida con toda el agua que tenia. Me tuve que sacar las lágrimas con las manos, para que me dejara ver a mi nueva familia.
Alice me tendió el regalo que estaba en lo más alto de la torre. Era un cubito muy pequeño. Cuando lo abrí vi...
Todo se puso negro. Una caricia fría en mi mejilla me hizo abrir los ojos.
Estaba en mi nueva habitación. El techo seguía del mismo color azul marino que tenia ayer cuando me recosté, y la cama tan blanca como el algodón. La caricia que había recibido era de la mano de Nikki que todavía seguía acariciándome. Detrás de mí estaba Kellan con los ojos cerrados
¿Estaría dormido? ¿Habría encontrado la forma de poder dormir?
– Solo cerró los ojos para pensar mejor, no esta durmiendo –contesto a la pregunta que me había hecho, como si hubiera podido leerme la mente.
– Ah –dije en un susurro muy bajo.
Kellan abrió los ojos como paltos. Me miro y me dedico una enorme sonrisa, mostrándome todos sus dientes blancos. Pero luego desapareció y en un instante estuvo parado en la puerta que ahora estaba abierta, mirándonos.
– Mejor las dejo para que se cambien –nos dijo riendo –no tarden demasiado. Mi reina, mi princesa las espero abajo.
Esto de que mi mamá fuera Nikki y que mí papá fuera Kellan me gustaba más de lo deseado.
Era todo muy tranquilo vivir con ellos, no me retarían por estupideces, como lo hacían mis verdaderos padres; tampoco me mandarían a trabajar, y menos que menos me mandarían a hacer los albores de la casa.
No era que no me gustaba hacerlos, pero lo que me caí mal y no lo hacia por esa razón era como me lo pedían. Jamás en la vida escuche las palabras por favor salir de sus bocas y eso nunca iba a dejar de molestarme.
Mi papá jamás se movía, tenia las cosas a una distancia de un brazo y te pedía que se la alcanzaras mientras que vos estabas a unos cuantos pasos. Y encima después te criticaban o te decían que no hacías nada en todo el día. Siempre se fijaban en lo que no habías hecho, Claudio siempre nos retaba, porque decía que no sabemos valorar las cosas que uno hace y que todo lo que tenemos lo rompemos. Pero él haciendo eso y fijándose en lo que no hicimos, jamás va a poder ver nuestro esfuerzo por haber hecho la otra cosa.
Nikki me tendió un vestido de color azul y unas sandalias blancas. El vestido tenía un bordado único y precioso y las sandalias tenían taco.
– He... Rose, no puedo usar con taco.
– Estas en mi casa, y podes. ¿Sí?
– Bueno, si vos lo decís –le dije –. Pero hay otro problema.
– ¿Cuál?
– No tengo mucho equilibrio para esto.
– No hay problema eres un vampiro ¿Lo recuerdas?
martes, 20 de abril de 2010
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